Cuentos de la mala-dicha

Algo mágico ocurrió

Foto Fernanda Pompeu Foto Fernanda Pompeu

 

Traducción de Beatriz Cannabrava

El 1975, yo estudiaba en el Colegio Equipe. Para quiénes no oyeron hablar sobre él, cuento aquí. Era un colegio privado con inspiración colectiva y fama de permitir que los alumnos se expresaran. Eso en una época en que la libre expresión podía volverse cuestión de seguridad nacional.

En los días de hoy hay muchachas e muchachos – y viejitos también – que dicen varias tonterías sobre la dictadura militar. Repiten que la represión sólo alcanzó guerrilleros, asaltantes de banco, huelguistas. Pero el autoritarismo militar – por más de veinte año – fue traba, freno, falta de inspiración para la mayoría de los brasileros.

Ni pensar en Viradas Culturales, pues eso juntaría mucha gente en las calles. Ni soñar en comentar lo que le diera la gana en las redes sociales, pues eso atentaría contra la moral y la norma. Hablar mal del gobierno como se habla hoy, prisión segura. Para que el lector tenga una idea, yo solamente logré votar para presidente a los treinta y cuatro años.

Es claro que no existían internet, yahoo, google, redes sociales. El imperio era todavía de los impresos. Y también de la televisión. Esta, casi toda de acuerdo con el régimen. Con excepciones, claro, como el telediario de la TV Cultura. Y sucedió que su director, Vladimir Herzog, fue muerto bajo tortura en las cárceles de la represión en ese año de 1975.

El Colegio Equipe funcionaba como una brecha en el concreto, una rendija de ventana, una llovizna en la sequía inclemente para quiénes quisiesen expresar alguna idea. Nada de más, ni de osado, ni de peligroso. Una pequeña expresión. Fue así que empecé a hacer un periódico mural.

Era una tirilla ancha de corcho pegada a la pared del pasillo principal que daba acceso a las aulas. Yo recortaba noticias de periódicos – todas políticas – y las pegaba con clavitos. Pero era difícil, porque en aquellos años todavía estaba viva la censura.

Entiendan: quién criticara al gobierno tenía el periódico o revista sacado de circulación. También había la autocensura. Por miedo, los periodistas terminaban por omitir hechos.

Fue entonces que algo mágico ocurrió. En noviembre murió el generalísimo Francisco Franco. Él había dado las cartas por casi cuarenta años en España. Una dictadura longeva que empezaba a derrumbarse con su muerte. Yo aproveché la ocasión.

Llené el mural con noticias del fin del franquismo y de la volteada española. Ya que no podía criticar los de aquí, podía hablar lo que quisiera del dictador del otro lado del mar.

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2 respostas para “Cuentos de la mala-dicha”

  1. Avatar Ivana disse:

    Texto muy bueno, una época sin libertad política, sin democracia.
    No tengo ninguna nostalgia de la dictadura.

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