Clara Charf de todas las luchas

Foto Vera Vieira Foto Vera Vieira

Traducción de Beatriz Cannabrava

El 17 de julio de 2017, Clara Charf apagó 92 velas. Me dijo que no esperaba llegar a esa edad, pero estaba feliz con eso. Yo he conocido a Clara mucho antes de que ella me conociera. A partir de 1980 – cuando estudiantes, trabajadores, artistas, intelectuales gritaban en las calles ¡Abajo la Dictadura! ¡Vivan las Libertades Democráticas! ¡Directas Ya! – Clara era figura obligatoria en los tablados improvisados. Aparecía al lado de Therezinha Zerbini (1928-2015) – otra guerrera incansable. Los jóvenes las mirábamos con  sentimiento ambiguo – agradecidos por la solidaridad y desconfiados de sus edades.

Aguas rolaron. En 2004, finalmente pude conocer a Clara personalmente. Trabajé como redactora en el libro Brasileiras Guerreiras da Paz – conjunto de entrevistas con 52 candidatas brasileñas al Premio Nobel de la Paz de 2005. El libro lo hicimos yo, Patrícia Negrão y Carla Rodrigues. La coordinación fue de Clara Charf. Nuestro encuentro fue un privilegio para mi y creo que nos volvimos amigas de por vida. El texto que sigue fue escrito para el Portal Yahoo! Se trata de un perfil, o sea, de una fotografía.

La muchacha
Clara Charf derrocha una energía que provoca la envidia de muchas muchachas de 20 años. Es verdad que hoy día usa bastón y su cabellera es blanca como la nieve canadiense. En su currículo hay una  marca: Clara siempre ha contribuido para las políticas, campañas y programas que apoyan a los derechos de las mujeres. Explica: Por toda a mi vida luché  para que las mujeres fuesen libres. Que tuviesen libertad para decir sí o no. Libertad para casar o quedarse soltera. Para tener hijos o para no tenerlos. Libertad para elegir la profesión que desee.

En su caso, el discurso está pegado a la práctica. Fue comisaria, bancaria, traductora, taquígrafa. Todos esos oficios en una época en que no era común que jóvenes blancas de clase media trabajasen fuera de la casa. Hija de Ester e Gdal, judíos rusos que inmigraron a Brasil escapando de la persecución antisemita, Clara Charf pasó la infancia en Maceió y la primera juventud en Recife. En 1946 resolvió intentar la vida y el sustento en Rio de Janeiro, entonces la capital federal.

Fue en la ciudad maravillosa que logró empleo de comisaria en Aerovias Brasil. Fue también en Rio que conoció su gran amor. Y único, frisa. El amor respondía al nombre de Carlos Marighella, el guerrillero que la dictadura militar transformó en enemigo número uno. En su compañía ella conoció la excitante vida de la militancia política y la dureza de la clandestinidad. Fue una de las primeras mujeres a ter sus derechos políticos suspendidos. Marighella fue asesinado en 1969 por la policía paulista. Viuda y adolorida Clara partió para el exilio de 10 años en Cuba donde ganó la vida como traductora. 

Retornó a Brasil con la amnistía de 1979. Tenía 53 años. Se metió con todo en la lucha por la memoria de Carlos Marighella y por la efectiva redemocratización del país. En 1980 fue una de las fundadoras del Partido de los Trabajadores, el PT. Partido de que nunca se alejó. Trabajó con la alcaldesa Luiza Erundina (gestión de 1989 a 1993). Pero en ningún momento se olvidó de la batalla de las mujeres. Dice:

Siempre milité en el movimiento político y en el movimiento de mujeres. Creo que esos dos frentes están íntimamente relacionados. La mujer no está suelta en la historia y ni la historia existe sin la mujer.

Talentos de Clara
Uno de los mayores talentos de Clara Charf es hablar en público. Invitada innúmeras veces para sentarse a la mesa de debates, la cabellera blanca derrama una seducción irrecusable. Ella da la receta: Yo nunca escribo lo que voy a hablar. Llego y observo quienes son las personas en el público. ¿Jóvenes? ¿Maduros? ¿Trabajadoras? ¿Militantes? Ahí me voy soltando y termina por resultar. Ese poder de improvisación solo es posible para quién tiene larga experiencia.

Otro talento es lo de contadora de historias. ¡Y son muchas! Una de las más sabrosas fue su participación en la famosa Campaña “El petróleo é nosso”, que culminaría con la creación de la Petrobras. En aquella época, inicio de la década de 1950, era difícil envolver a las mujeres en una demanda política. Entonces yo supe que en la fabricación de los lápices de labio se usa un subproducto del petróleo. Es lo que le da la fijación. Entonces yo preguntaba a las muchachas se sabían de eso. Era una forma de involucrarlas en la campaña, recuerda Clara riéndose mucho.

En la actualidad, Clara es presidenta de la Associação Mulheres pela Paz, una ONG con sede en el centro de São Paulo y  coordinada por Vera Vieira. Cuando hablamos de paz no es la quietud de los cementerios. Creemos que paz es buena comida, vivienda, educación, cultura. Paz como calidad de vida para todos, Clara explica de una forma seductora que encanta a sus oyentes. La Associação nació de un proyecto que seleccionó 1.000 mujeres en todo el mundo para concurrir colectivamente al Premio Nobel de la Paz de 2005. La sede del proyecto es en Suiza. Fui invitada para coordinar los trabajos en Brasil, donde 52 mujeres fueron indicadas al Premio.

Un valor bien resaltado en los trabajos de Clara Charf es la expresión de la diversidad. Entre las 52 brasileras indicadas hay doctoras, analfabetas, blancas, negras, amarillas. Gente de la ciudad y del campo. Diversidad significa inclusión y una mejor división del poder. Clara cuenta: No llevamos el Premio Nobel, pero seguimos con el trabajo. Editamos un libro Brasileiras Guerreiras da Paz con perfiles de las candidatas de Brasil y seguimos con seminarios y exposiciones. Hoy, el gran desafío de la ONG es incluir la participación de los hombres en el enfrentamiento a la violencia doméstica. Pues la única manera de acabar con la violencia es envolver mujeres y hombres en la cuestión.

Luchar parece ser el verbo del corazón de Clara Charf. Toda su energía está en la acción. Nunca deja para la tarde lo que puede resolver por la mañana. De repente, ese el secreto que mantiene esta señora conectada a los movimientos del mundo.

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